Diseñar una app municipal tiene una trampa que no aparece en los manuales de marca. La identidad corporativa de Zaragoza es roja. Y en una app de aparcamiento, el rojo es precisamente el color que más falta hace para otra cosa: avisar de que se acaba el tiempo, de que hay una denuncia, de que algo te va a costar dinero.
Este post va de cómo resolví ese choque, y de por qué en una interfaz funcional el color y la tipografía no son estética, sino información.
El primer intento: cambiar la marca
En la primera versión del proyecto, en 2025, lo resolví por la vía rápida: sustituí el rojo por azul. El sistema quedó coherente y agradable, y el rojo quedaba libre para las alertas.
Era un error, y no de diseño. Cambiar el color de una marca municipal no es una decisión que le corresponda a quien diseña una app. Es de la institución, tiene su propia historia y sus propias reglas, y una propuesta que empieza por saltársela no llega muy lejos. Cuando volví al proyecto en 2026, la primera restricción que acepté fue esa: el rojo se queda.
Reservar el rojo en lugar de repartirlo
Si el rojo no se puede quitar, la única salida es decidir con mucha precisión dónde aparece. Probé tres caminos, y el que ganó fue el más neutro: la acción principal va en negro, y el rojo queda reservado para dos cosas, la urgencia y la consecuencia económica.
De hecho, el rojo corporativo ni siquiera entra en la interfaz: vive en el logotipo, y las alertas usan un rojo propio, más oscuro.
El negro tenía una ventaja que no era evidente al principio: también forma parte de la identidad corporativa. Así que no era una excepción a la marca, sino otra forma de usarla. Los botones siguen siendo institucionales, y el rojo recupera su fuerza porque aparece poco. Un aviso rojo en una pantalla mayoritariamente neutra se ve; en una pantalla donde todo es rojo, no.

La regla que dejé escrita, para que sobreviva a quien la construya, cabe en una línea: si algo rojo no cuesta dinero ni tiempo, está mal puesto.
Es decir, el rojo solo aparece cuando hay una consecuencia para quien usa la app: que se le acabe el tiempo o que algo le cueste dinero. Si un botón, un título o un icono va en rojo sin avisar de ninguna de las dos cosas, le está quitando fuerza a las alertas de verdad, porque la gente se acostumbra a verlo y deja de reaccionar.
El color nunca va solo
Reservar el rojo no basta si la interfaz depende de él. Una parte de quienes usan la app no distingue bien el rojo del verde, otra la mira al sol en la acera, y el Real Decreto 1112/2018 obliga a las apps del sector público a cumplir el nivel AA de accesibilidad. Así que el color no podía ser el único canal de ningún estado.
El widget de la pantalla de bloqueo es el mejor ejemplo: escribe el estado con palabras, y el color solo lo refuerza.

En el mapa apliqué el mismo principio con otra forma: dos codificaciones que no se pisan, el color para la ocupación y el trazo para el tipo de plaza. Cada canal responde a una sola pregunta.
La tipografía se elige por los números
El elemento central de esta app es un contador que cambia cada minuto. Eso convierte la elección tipográfica en una decisión técnica antes que estética.
La primera versión usaba Outfit, y en la segunda llegué a dos finalistas con un registro parecido: DM Sans y Plus Jakarta Sans. No decidí mirándolas, sino abriendo sus tablas OpenType. DM Sans no incluye cifras tabulares: su «1» mide 0,342 em y su «0», 0,656. En un contador, eso significa que el número baila en cada salto, y que la hora parece moverse aunque solo cambie un dígito. Outfit tenía el mismo problema. Plus Jakarta Sans sí incluye cifras tabulares, mantiene el mismo aire geométrico y tiene licencia libre.

Es el tipo de detalle que no aparece en una captura estática y que se nota en el primer minuto de uso real.
Que la regla sobreviva al diseño
Un sistema de color no dura si vive solo en las pantallas. Por eso los colores se entregaron como tokens con nombres semánticos: accion, alerta, marca. Los nombres describen para qué sirve cada color, no cómo es. Si mañana cambia el rojo corporativo, se tocan cuatro valores y no se repasan 72 pantallas. Y si alguien del equipo técnico duda de si un elemento debe ir en rojo, el nombre del token ya le responde.
Lo que me llevo
En un producto de uso obligatorio, nadie abre la app para disfrutar de su paleta. El color y la tipografía sirven para que la persona entienda en un segundo si está bien aparcada y cuánto le queda. Eso cambia las preguntas: no «qué color queda mejor», sino «qué significa este color y dónde tiene derecho a aparecer»; no «qué tipografía tiene más personalidad», sino «qué hace con los números».
Las pantallas y el resto de decisiones están en el caso de estudio.

